nicolasgallo

Clarín: Sergio Berensztein 15may07

In Argentina Reflexiva on agosto 11, 2007 at 1:18 am

DEBATE

Deterioro de la gestión del Estado

 

Son insuficientes los esfuerzos que el Gobierno dice hacer para mejorar la calidad de las instituciones. La Argentina está lejos de los estándares de países como Chile, Costa Rica y Uruguay, y a distancias siderales de los más desarrollados.

Sergio Berensztein*

 

En una columna publicada en esta sección el jueves pasado, el subsecretario de la Gestión Pública de la Nación, Juan Manuel Abal Medina, sostiene que el Gobierno ha realizado “muchos y muy significativos avances (…) para optimizar la calidad del Estado”. Menciona, entre ellos, la incorporación de tecnologías de la información, la reorganización de la carrera administrativa y la modernización de las relaciones laborales en el sector público.

Se trata de un puñado de buenas noticias que podrían mejorar, si se consolidan en el tiempo, algunos aspectos puntuales de la gestión del Estado. Pero teniendo en cuenta el profundo y generalizado deterioro en el que se encuentran el conjunto de las instituciones estatales del país, tanto a nivel nacional, provincial y local, se trata de un esfuerzo absolutamente insuficiente y con consecuencias potencialmente muy negativas en términos de desarrollo, equidad y gobernabilidad democrática.

Esto aparece claramente demostrado en un estudio comparativo reciente en materia de calidad institucional: Argentina está lejos de los estándares de países como Chile, Costa Rica y Uruguay; cediendo espacios frente a Brasil, México y Colombia; y a distancias siderales de los países más desarrollados y democráticos del planeta.

La función principal e inalienable del Estado es brindar bienes públicos (seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura y cuidado del medio ambiente) en función de las demandas de los ciudadanos y de los desafíos estratégicos de un mundo incierto y en permanente transformación. Lamentablemente, el Estado argentino fracasa en hacerlo. Y si bien se trata de un problema histórico y que debería involucrar a la sociedad en su conjunto, en los últimos cuatro años el gobierno del presidente Kirchner no ha motorizado una verdadera revitalización de las capacidades estatales fundamentales. Esto es contradictorio en un gobierno que promueve la intervención y la regulación del Estado en múltiples esferas de la vida económica, política y social de la Nación.

Como consecuencia de ello, la percepción de inseguridad es creciente y generalizada; la eficiencia, independencia y el acceso a la Justicia son problemas perennes (a pesar de los cambios positivos que la Corte Suprema está implementando); la educación y la salud vienen sufriendo un deterioro creciente y, peor aún, consagran aún mayor desigualdad y fragmentación del tejido social; la infraestructura física está colapsada (como reflejan las tragedias cotidianas de los accidentes de tránsito); y el abandono del medio ambiente tiene en la cuenca del Riachuelo-Matanza su expresión más contundente, pero de ningún modo la única.

En un contexto internacional tan inestable, el Estado debe asegurar la integridad territorial de la Nación. Eso supone un control adecuado de las fronteras, el espacio aéreo y el marítimo. También, disponer de mecanismos efectivos para prevenir nuevos ataques terroristas, como los que el país sufrió en 1992 (Embajada de Israel) y 1994 (AMIA). Finalmente, el Estado debe contar con recursos especializados en la lucha contra las redes criminales globales, como el narcotráfico y el contrabando. En cada uno de estos aspectos medulares de la seguridad del país se comprueban a diario profundas grietas.

Asimismo, el Estado está obligado a brindar información con regularidad y responsabilidad. Los desatinos con que el Gobierno liquidó la credibilidad del INDEC hablan por sí mismos. Para peor, la falta de una ley de libre acceso a la información, de mecanismos efectivos de transparencia y de prevención de la corrupción se combinan para restarle a la Argentina credibilidad y competitividad.

Tampoco tenemos una política integral de población y aprovechamiento inteligente de nuestro amplio territorio. Y mucho menos agencias que potencien los recursos públicos y privados para promover la innovación y la competitividad.

La incapacidad del Estado promueve prácticas perversas de actores económicos, políticos y sociales que establecen estrategias parasitarias para aumentar o preservar su poder, como el clientelismo, las prebendas, el tráfico de influencias y la corrupción. Esto socava la legitimidad de la democracia, causando apatía, anomia y resignación entre los ciudadanos. Y promueve la discrecionalidad en la toma de decisiones.

En síntesis, el Estado está muy lejos de asegurar la infraestructura institucional necesaria para promover el desarrollo humano, fomentando la democracia, la igualdad de oportunidades, la movilidad social y la equidad. En un mundo globalizado, la calidad de las instituciones es clave para que todos los argentinos podamos desarrollar nuestros proyectos de vida en un marco de convivencia y previsibilidad.

El Estado que tenemos es generalmente parte de nuestros problemas y rara vez contribuye a su solución. Es hora de debatir cómo vamos a construir el Estado que necesitamos.

*DIRECTOR DE POLIARQUIA CONSULTORES Y DE LA MAESTRIA DE POLITICAS PUBLICAS DE LA UNIV. DI TELLA

Fuente : Diario Clarín Digital http://www.clarin.com/diario/2007/05/15/opinion/o-02701.htm

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