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Naturaleza que me parió

In Trabajos Publicados on julio 12, 2007 at 5:17 am

Por Nicolás Gallo

Naturaleza que me parió

El ser humano es el único animal de la tierra que niega su instinto. Por creerse racional, sé prohíbe su condición natural ¿cuánto afecta esto en los problemas del hombre actual? Un informe tan animal como el que lo escribe.

Siglo XXI: El final es de donde partí
Muchos son los problemas sociales con los que el hombre vive, convive y vivirá si no cambia de rumbo. Todos tienen el mismo origen: el ser humano es el único animal de la tierra que intenta ir todo el tiempo en contra de la naturaleza, se considera un ser racional pero termina siendo desbordado por sus propias creaciones. Los simples hechos cotidianos nos revelan la vida misma. No es necesario recaer en grandes teorías. Sin embargo, la filosofía de fines del Siglo XIX, integrada por Friedrich Nietzsche, sostenía que el ser humano es un ente complicadísimo, “destinado a cumplir la difícil misión de conservar su especie, misión que, pese a sus esfuerzos se le hace cada vez mas ardua cuanto más piensa”, cuanto más se “cerebraliza. Veían al hombre como un “desertor de la vida”, de sus valores fundamentales, de sus leyes principales, que había enfermado a causa de su “espíritu”.
En la actualidad, la vida corre tan vertiginosamente que nadie se hubiera imaginado que algún día yo, desde mi casa, me podría comunicar y ver la casa de un chino con solo hacer “click” en mi mouse. Por eso, insisto, hoy en día hay que ver las cosas desde lo cotidiano.
La tecnología avanza tan rápido, que a nosotros no nos queda otra que, en algún momento, detenernos y decirnos ¡Hasta aquí llegué! Un ejemplo claro de esto lo podemos ver en nuestros abuelos: entendieron el teléfono con mucha paciencia, le encajaron uno portátil y lo aceptaron, hasta ahí. Pero cuando ven al nieto sentado en una máquina hablando con un chino, hacen la vista gorda, no es que no le crean, pero quizás piensan que anda en algo raro… Y así, la tecnología, con sus largas piernas termina ganándole siempre al ser humano. De ésta manera, llegamos a un sistema que varía día a día, reproduce seres independientes, capaces de tener amigos, novias, familias, etc, virtuales.
El avance tecnológico parece marchar a la par con la pérdida de expresividad emocional. Se trata de hombres desvirtuados de su naturaleza, como animales libres atrapados en su propia selva.

Ruido de animales salvajes
Desde su comienzo, y aquí entramos en el quid de la cuestión, el hombre, se ha encargado de prohibirse lo
natural. Un psiquiatra muy austero, Wilhem Reich, decía que “el único animal que ha perdido su capacidad de funcionar es el animal humano”. Inventó sus leyes en contra de la naturaleza, se negó la condición de animal, disfrazó su instinto con buenos modales. Fijó lo que está bien y lo que está mal. Es decir, creó un Cultura de culpa, con premios y castigos para determinadas reacciones o expresiones. Fijó horarios para comer y no comer cuando realmente tiene hambre.
¿Alguna vez usted vio un camello excedido de peso? ¡Imposible! Sin embargo, usted ha visto y ve humanos totalmente deformados por el afán de comer. Ahora bien, si todavía usted sigue pensando que no es un animal, le voy a dar un caso cotidiano sorprendente. Cuando el hombre domestica a su perro, lo lleva a vivir a su casa, y le da de comer, por lo general, termina teniendo problemas de exceso de peso, que, en su transcurso natural como animal, nunca lo hubiera padecido: hubiera comido sólo para subsistir.

De que hablamos cuando hablamos de amor
¿Estamos de acuerdo que el animal come para vivir y no vive para comer? Si no esta de acuerdo conmigo es porque todavía no le cierra mi pequeña gran teoría. Ahora bien, pongamos un ejemplo más claro. ¿Usted se ha peleado, separado, vuelto a juntar con su pareja alguna vez? Me imagino que sí, desde que estoy de pie nunca conocí a la “pareja perfecta” (sí este es su caso, convide la receta).
Según la famosa antropóloga, Margaret Mead, “el animal humano es el único que se propuso juntar el amor romántico, la pasión sexual y un compromiso marital monógamo en un solo acuerdo”; y tendríamos que agregarle al concepto de Mead “hasta que la muerte los separe”. Por el contrario, la naturaleza nunca nos “obligó” a procrear con una sola persona sino para mantener la especie. Por esta inútil regla, usted ha pasado horas y horas pensando en cómo “ganarse” a la otra persona, hablando horas al pedo con sus amigos/as del por qué su relación funciona mal, se ha excitado con la persona que no era con la que debía morir.
En fin mi querido lector, no le demos muchas vuelta a esto, una vez más el hombre se ha olvidado que es un animal con instintos incontrolables, que por más que lo quiera ocultar, le son inevitables.
Estos dos ejemplos cotidianos nos bastan para darnos cuenta de cómo actuó el hombre a lo largo de la historia. Siempre negándose su condición de animal, su instinto. Fijándose tiempos para comer, límites para aparearse; días, horas, segundos, milésimas… Cuando en realidad, el animal cuenta el tiempo según las fuerzas que tiene para vivir día a día. Un animal hoy va a correr más que mañana porque sabe que mañana no va a tener tanta fuerza como hoy. De esta forma aprovecha el tiempo natural y no el irreal, y vive al 100% desde que nace. El hombre, por el contrario, programa sus días, planifica el futuro, deja cosas por hacer y sale a huevear con sus amigos.

Espíritu de esta selva
Como vemos el hombre es un ser increíble, no se reconoce como un animal, se separa de la naturaleza e intenta dominarla, olvidándose que forma parte de ella. Corre una carrera infinita con una tecnología que, tarde o temprano, se le escapa de las manos. Niega lo natural, crea constantemente un mundo ficticio que nada tiene que ver con lo que la naturaleza madre nos encarga.
Es necesario que paremos un poco la pelota y empecemos a guiarnos más por lo que sentimos que por la lógica de la razón, que nos impusieron como única verdad.
La Cultura de la culpa, la que según Anibal Goldchluk, jefe de consultorios externos del Hospital Borda, se genera porque las sociedades ven a la naturaleza humana como aquello que sólo esta destinado a la bondad: “con esta forma de percibir la realidad, el ser humano se ve asfixiado en sus potencialidades. Lo que hay que lograr es que la cultura no oculte lo que es la naturaleza madre”.
¿Por qué no nos dejamos de joder y empezamos a hacer un poco más animales? Respetemos y disfrutemos nuestros instintos naturales, con libertad, como lo hace un cóndor al volar.
Retomando el ejemplo de la alimentación humana. Si el hombre comiera para subsistir y no porque “tiene que cumplir con la cena”, no sólo no habría enfermos por obesidad, sino tampoco muertes por desnutrición.
“Comer y dejar comer…”

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